Con los cambios de estación llega algo más que el entretiempo en el armario. Nariz taponada, estornudos que no avisan y esa sensación incómoda de no estar del todo bien. Y entonces aparece la gran pregunta: ¿es gripe o es alergia?
La duda es más habitual de lo que parece y, la verdad sea dicha, no siempre es fácil distinguirlas a simple vista. Comparten algunos síntomas, afectan a las vías respiratorias y pueden dejarnos fuera de juego varios días. Pero no tienen el mismo origen ni se abordan de la misma manera, y ahí está la clave.
En este artículo vamos a desgranar, de forma clara y cercana, las diferencias más importantes para identificar qué está pasando en tu cuerpo.
Gripe y alergia: dos problemas muy distintos
Aunque desde fuera puedan parecer similares, gripe y alergia no tienen nada que ver entre sí.
La gripe es una infección causada por el virus influenza. Aparece de forma brusca y suele generar un malestar general intenso. Cuando llega, se nota. Mucho.
La alergia, en cambio, es una reacción del sistema inmunitario frente a sustancias externas como el polen, los ácaros o el polvo. No hay virus, no hay infección y no es contagiosa.
Este punto de partida ya marca muchas de las diferencias que veremos a continuación.
La fiebre: el síntoma decisivo
Si hay un síntoma que ayuda a salir de dudas rápidamente, es este.
- Gripe: fiebre alta y repentina, normalmente por encima de 38 °C, acompañada de escalofríos.
- Alergia: no produce fiebre. Nunca.
Si te encuentras congestionado pero no tienes fiebre, es muy poco probable que estés pasando una gripe.
Dolor muscular y agotamiento extremo
Aquí la gripe juega en otra liga.
En los procesos gripales es habitual sentir dolor muscular generalizado, dolor de cabeza intenso y un cansancio profundo, de esos que no se solucionan con una siesta.
En la alergia puede aparecer algo de fatiga, sobre todo si la congestión impide dormir bien, pero no ese agotamiento físico tan marcado. Cuando el cuerpo duele “por dentro”, suele haber virus de por medio
Estornudos, picor y mucosidad
Este es el terreno natural de la alergia.
- Alergia: estornudos frecuentes y en cadena, picor en nariz, ojos y garganta, lagrimeo constante y mucosidad clara y líquida.
- Gripe: congestión nasal, pero sin picor. La mucosidad puede volverse más espesa con el paso de los días.
Si los ojos pican más que la garganta, la alergia gana puntos.
Tos y dolor de garganta
Ambas pueden provocar tos, pero con diferencias claras.
En la gripe, la tos suele ser seca, persistente y profunda, a veces dolorosa. El dolor de garganta también es más intenso.
En la alergia, la tos aparece sobre todo por el goteo nasal y suele ser leve. La garganta se nota irritada, pero no dolorida.
Duración de los síntoma
Otro factor clave para identificar el origen.
- Gripe: suele durar entre 5 y 10 días, con un inicio brusco y una mejoría progresiva.
- Alergia: puede alargarse durante semanas o incluso meses, mientras exista el alérgeno.
Si llevas varias semanas igual, no es una gripe que se esté haciendo la interesante.
¿Es contagioso?
Este punto es importante, sobre todo en casa o en el trabajo.
- Gripe: sí, es altamente contagiosa, especialmente en los primeros días.
- Alergia: no se contagia.
Entonces, ¿qué conviene hacer?
Identificar correctamente el origen es fundamental. La gripe requiere reposo, hidratación y tratamiento sintomático para aliviar el malestar general. La alergia, en cambio, necesita control del desencadenante y un abordaje específico, normalmente con antihistamínicos pautados por un profesional sanitario.
Si los síntomas empeoran, aparece fiebre persistente o hay dificultad para respirar, lo recomendable es consultar con un especialista. Escuchar al cuerpo, en estos casos, suele ser la mejor estrategia.